Oscar Wilde.
Marchad
con paso leve, que está cerca
ella
bajo la nieve;
con
voz queda si habláis, pues ella escucha
crecer
las margaritas.
Su
cabello dorado y encendido
ya
lo empaña la herrumbre;
la
que se erguía joven y lozana,
deshácese
en el polvo.
Igual
que un lirio y como nieve blanca,
ella
advertía apenas
que
fuese una mujer: tan dulcemente
dióle
sazón la vida.
Maderas
de ataúd, pesadas losas
yacen
sobre su pecho;
a
solas yo me entrego a la amargura,
pero
ella descansa.
Guardad
silencio y paz, que ya no oye
ni
lira ni soneto.
Toda
mi vida yace aquí enterrada.
Con
más tierra cubridla.
(Traducción
de M. Manent)
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